En pocas palabras. Javier J. Jaspe
Washington
D.C.
Esta
es la décima entrega de una serie relacionada con el interesante libro: “El
Norte – La epopeya olvidada de la Norteamérica Hispana”, escrito por la
destacada historiadora, Carrie Gibson. Editorial EDAF, 2022, 575 páginas. La
edición original es en el idioma inglés y la traducción al español que usamos
es de Pablo García Hervás.
Carrie
Gibson obtuvo su “doctorado en la Universidad de Cambridge….Ha
trabajado como periodista en The Guardian y como colaboradora en otras
publicaciones, además de la BBC. Su investigación la ha llevado a México, el
Caribe y los Estados Unidos. Reside en Londres”.
Sobre
el libro se ha escrito:
"Durante
mucho tiempo, los Estados Unidos se han preciado de su herencia anglosajona por
encima de todas las demás. No obstante, tal como Carrie Gibson replica en El
Norte, con gran profundidad y nitidez, la nación tiene unas raíces hispanas
mucho más antiguas, las cuales han permanecido mucho tiempo ignoradas y
marginadas. Este pasado hispánico precede en un siglo a la llegada del
Mayflower, y es de todo punto igual de importante a la hora de dar forma a la
nación tal como existe hoy en día.... (The New York Times Book Review)"
El
propósito de la serie no es realizar un análisis del libro, sino publicar la
cronología de los acontecimientos clave que allí se incluyen (páginas 462 –
470), ocurridos entre los años 1492 y 2017, a fin de acompañarlos con unos
breves agregados que recogen principalmente textos encontrados en Internet,
relacionados con los enunciados que se utilizan a lo largo de dicha cronología.
A
efecto de diferenciar la cronología original transcrita en negrillas, los
agregados se transcriben en itálicas, bien textualmente o resumidos y/o
reordenados en su presentación, con las referencias a sus respectivos enlaces
en Internet. Cuando la cronología original incluye diversos hechos en un mismo
año, estos hechos son presentados separadamente bajo dicho año.
En esta décima entrega se incluyen hechos históricos que van desde que René Robert Cavelier, señor de la Salle, emprende el descenso del río Misisipi y bautiza la zona como la Luisiana (1682), hasta la fundación de Albuquerque en Nuevo México (1706). Veamos:
EBSCO
René-Robert Cavelier, Sieur de La Salle
René-Robert Cavelier, Sieur de La Salle, was a French explorer
born in Normandy who played a pivotal role in the exploration of North America,
particularly the Mississippi River and its surrounding territories. Initially
destined for a life as a Jesuit priest, La Salle's adventurous spirit led him
to renounce his vows and emigrate to New France, where he sought fortune in the
fur trade. His expeditions in the late 17th century, notably his journey down
the Mississippi River in 1682, allowed him to claim the region for France,
naming it "Louisiana" in honor of King Louis XIV. Despite his
significant achievements, including securing a royal fur-trading monopoly and
establishing a French presence in the Gulf of Mexico, La Salle struggled with
leadership and interpersonal relationships, leading to conflicts within his
expeditions.
His attempts to establish a colony at the mouth of the
Mississippi ultimately met with failure, culminating in his assassination in
1687 by disgruntled members of his party. La Salle's legacy remains
influential; he is recognized as one of the foremost explorers of his time,
with a reputation marked by both remarkable discoveries and formidable
challenges in colonization. His life and work reflect the complexities of
European exploration and its impacts on indigenous territories in North
America.
Authored By:
Cummins, Light Townsend
https://www.ebsco.com/research-starters/history/rene-robert-cavelier-sieur-de-la-salle
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Robert
Cavelier de La Salle descubre la desembocadura del Misisipi en 1682, que
reclamaría para Francia y nombraría el territorio como Luisiana en honor al rey
Luis XIV.
https://www.reddit.com/r/USHistory/comments/1juxoh2/robert_cavelier_de_la_salle_discovers_the_mouth/?tl=es-419
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Canadian
Museum of History
Virtual
Museum of New France
The
Explorers
René-Robert
Cavelier de La Salle 1670-1687
https://www.historymuseum.ca/virtual-museum-of-new-france/the-explorers/rene-robert-cavelier-de-la-salle-1670-1687/
xxxxxxxxxxxxxxxx
IOWA
PBS
La
Salle Claims Land for France
https://www.iowapbs.org/iowapathways/artifact/1924/la-salle-claims-land-france
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Texas
State Library and Archives Commission
Giants
of Texas History
Robert Cavelier, Sieur de La Salle
https://www.tsl.texas.gov/treasures/giants/lasalle/lasalle-01
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State
Affairs
Our
History: How Louisiana got its name
By
David Jacobs
https://pro.stateaffairs.com/la/state-culture/our-history-how-louisiana-got-its-name-2
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René-Robert
Cavelier, Sieur de La Salle French adventurer & fur trader explored
Mississippi River
Timeline
https://www.youtube.com/watch?v=hHdrrI8Kyt4&t=17s
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1683: Los jesuitas, dirigidos por Eusebio
Kino, comienzan a explorar la Baja California, donde posteriormente establecen
misiones.
IgnatianSpirituality.com
A
service of Loyola Press
Eusebio
Francisco Kino, SJ (1645-1711)
Eusebio Francisco Kino, SJ, was a Jesuit missionary and explorer
in northwestern Mexico and the southwestern United States.
After his ordination in 1677, Kino was sent to lead a mission to
Mexico. Transportation and other difficulties delayed his arrival in Mexico
until 1681. Kino participated in a rather unsuccessful expedition to California
between 1683 and 1685. In 1687, Kino joined a 1500-mile second expedition by
way of Sonora, Mexico and southern Arizona to California.
During his travels, Kino personally baptized 4,500 people and
traveled over 50,000 square miles on horseback. He established missions in San
Miguel, Magdalena, Altar, Sonoita, Santa Cruz, and San Pedro valleys. An
accomplished astronomer, mathematician, and cartographer, Kino mapped an area
200 miles long and 350 miles wide. Kino proved that Baja, California was a
peninsula and not an island.
When establishing his missions, Kino taught the native
inhabitants how to plant wheat, beans, squash, and other crops. People were
also taught how to build durable homes and tend cattle. In the larger
communities, Kino established schools for the children, teaching them reading
and writing and the basics of the Catholic faith. Kino vigorously opposed the
conscription of the Sonoran Indians for work in the silver mines.
Fr. Kino helped to establish the first permanent mission in
Lower California. Other new missions in California were supplied with the food
produced by this first mission. In all, Fr. Kino made some 50 expeditions,
keeping detailed diaries and maps for those who would follow him.
In 1711 Kino returned to Magdalena in the state of Sonora,
Mexico, to celebrate the dedication of a new church in honor of St. Francis Xavier. He fell ill while celebrating Mass on the day of
the dedication and died that evening.
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Scielo
Espiral (Guadalajara)
Kino in
California: 1681-1686
Gabriel
Gómez Padilla
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-05652014000300006
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EBSCO
Eusebio Francisco Kino
Authored By:
Black,
Charlene Villaseñor
https://www.ebsco.com/research-starters/history/eusebio-francisco-kino
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Urbanus Descubriendo las Californias
Eusebio Kino y la leyenda del
nombre: Un viaje por el alma de Baja California
Imagen….
Son pocas las regiones en el mundo combinan
historia, mito y geografía con tanta intensidad como Baja California. Su
nombre evoca mares azules, desiertos que arden y misiones que susurran siglos
de fe y aventura. Pero, ¿sabías que detrás de este nombre hay una mezcla de
literatura medieval y exploración jesuita? En el centro de esta historia se
encuentra un personaje clave: el padre Eusebio Francisco
Kino.
Imagen…
El padre Kino: fe, ciencia y cartografía
Nacido en el Ducado de Saboya en 1645, Eusebio Kino fue
un misionero jesuita con una pasión que iba más allá del evangelio: amaba las
matemáticas, la astronomía y la cartografía. Llegó a la Nueva España en 1681, y
muy pronto se embarcó en una labor que marcaría su vida y la historia del norte
del continente: la exploración y evangelización del noroeste mexicano,
incluyendo la península de Baja California y el actual estado de Sonora.
Kino no solo fundó misiones y
convivió con pueblos indígenas como los pimas y los yaquis, sino que también
realizó uno de los mayores aportes científicos de su tiempo en América: demostrar que California no era
una isla.
Imagen….
¿California era una isla?
Durante siglos, muchos mapas
europeos mostraban a California como una isla separada del continente,
flotando como una fantasía frente al Pacífico. Esta idea venía de relatos
míticos y de la novela de caballerías "Las sergas de
Esplandián", escrita por Garci Rodríguez de Montalvo a comienzos del siglo
XVI. En esta historia, California era una isla paradisíaca gobernada por la reina
Calafia, poblada solo por mujeres guerreras y criaturas exóticas. El nombre California, entonces, nació en la ficción.
Los conquistadores españoles,
fascinados por las riquezas y misterios del Nuevo Mundo, tomaron este nombre
literario y lo aplicaron a las tierras que iban descubriendo. Así, la península
comenzó a ser llamada California, y por muchos años se creyó
que era realmente una isla.
La verdad geográfica… y la Baja
El padre Kino, tras múltiples expediciones
entre 1698 y 1706, logró cruzar caminos, observar costas, registrar ríos y unir
trazos en sus mapas. Fue el primero en probar con certeza que
California estaba unida al continente, lo que desmentía siglos de
creencias geográficas. Sus mapas, sorprendentemente precisos para la época,
mostraron que esa supuesta isla era en realidad una península, hoy conocida como Baja California.
El término “Baja” (del latín baxa, que significa “más baja” o
"al sur") se usó para distinguirla de lo que más adelante se llamaría
Alta California (hoy parte de los Estados Unidos). Así, la península se
bautizó oficialmente como Baja California: el extremo sur de la mítica
tierra de Calafia.
El legado que no se borra
El padre Kino murió en 1711 en
lo que hoy es Magdalena de Kino, Sonora, dejando un legado monumental: fundó
más de 20 misiones, ayudó a establecer rutas comerciales, promovió el respeto
entre culturas, y corrigió un error cartográfico que había durado más de un
siglo.
Pero más allá de sus mapas o
misiones, Kino es recordado por su capacidad de unir mundos: la fe y la
ciencia, Europa y América, la leyenda y la realidad.
Hoy, al recorrer Baja
California, entre cactus, misiones coloniales y paisajes que parecen de otro
planeta, uno no puede evitar pensar que la reina Calafia y el padre Kino se
siguen encontrando —uno desde la leyenda, el otro desde la historia— en esta
tierra única que lleva un nombre nacido de la imaginación… y corregido por la
observación.
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1701: Europa se ve envuelta en la guerra de
sucesión Española, y al año siguiente el conflicto llega a Norteamérica con el
nombre de guerra de la reina Ana.
Historia
sin Pretensiones
LA GUERRA DE SUCESIÓN
(1701–1714): UN CONFLICTO EUROPEO POR UN IMPERIO GLOBAL
Imagen…..
La Guerra de
Sucesión se desarrolló entre 1701 y 1714 y fue, en realidad, mucho más que una guerra por quién
debía ocupar el trono hispano. Aunque en la práctica, esto, no tenía
demasiada importancia para los bandos enfrentados. Fue un conflicto europeo de gran escala en el que se decidía
el equilibrio de poder en el continente… y, sobre todo, el control de las enormes posesiones
imperiales españolas en América y Europa que tuvo en un primer
momento su campo de batalla en el norte de Europa y en Italia.
Luis XIV admitía en
1709 que «el
principal objetivo de la actual guerra es el comercio de las Indias y las
riquezas que produce». Cuando empezaron las negociaciones de paz,
España, a la que todavía le quedaría un siglo para convertirse en un Estado,
fue excluida de todas las discusiones y no se le permitió siquiera intervenir
en los tratados de paz que dieron fin a la guerra. Como curiosidad, los
principales generales de la guerra nunca visitaron la Península Ibérica.
Aunque el detonante fue la muerte sin descendencia
de Carlos II de Habsburgo, el
llamado “Hechizado”, las verdaderas motivaciones de las potencias
europeas iban mucho más allá de la sucesión dinástica.
EL PROBLEMA SUCESORIO: EL
FINAL DE LOS AUSTRIAS
Imagen….
Finalizando el siglo XVII la Monarquía Hispánica se
encontraba en una situación delicada: Carlos II había contraído matrimonio en
dos ocasiones, primero con María Luisa de Orleans y después con Mariana de
Neoburgo, pero ninguno de los enlaces había producido la ansiada descendencia.
Se llegó a decir que estaba hechizado y no podía engendrar hijos. Con ello, se hacía cada vez más evidente que
la dinastía de los Austrias españoles se encaminaba hacia su extinción.
Hacia 1697, la corte madrileña estaba dividida en
dos grandes corrientes o “facciones”, cada una de las cuales defendía una
posible solución al problema sucesorio.
La primera y más numerosa era la llamada opción bávara. Sus partidarios
proponían como heredero a José
Fernando de Baviera, un joven príncipe considerado de consenso porque
reunía vínculos tanto con la dinastía española como con otras casas europeas.
Era nieto de Margarita de Austria, hermana de Carlos II —la misma que aparece
retratada en Las Meninas de Velázquez—, lo que le otorgaba cierta legitimidad
dinástica sin provocar el rechazo inmediato de las grandes potencias. Esta
opción era defendida principalmente por la propia reina Mariana de Neoburgo y
el emperador. Esta alternativa proponía mantener la herencia dentro de la rama
de los Habsburgo. Aunque contaba con menos apoyos en la corte, logró atraer a
algunos miembros influyentes de la alta nobleza, que veían en esta solución la
continuidad más directa de la dinastía. Y de hecho Carlos II lo recogería en su
testamento, pero el heredero falleció inopinadamente en febrero de 1699.
La segunda
opción fue ganando fuerza con el paso del tiempo, especialmente
tras los acuerdos de Rijswijk (1697), que reconfiguraron el equilibrio
diplomático europeo. Se trataba de la
candidatura borbónica, encabezada por Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. Este grupo fue
ganando adeptos progresivamente, hasta situar al cardenal Portocarrero —arzobispo de Toledo y figura clave
en los últimos años del reinado— como uno de sus principales impulsores dentro
de la corte. La diplomacia francesa, especialmente a través de su embajador, el
duque de Hartcourt, logró consolidar apoyos clave dentro del entorno del rey.
Los movimientos franceses frente al problema sucesorio español fueron variados,
desde sobornos en Madrid y movilizaciones orquestadas por agentes franceses
como el Motín de los Gatos hasta
presiones diplomáticas en las cortes extranjeras.
A partir del fallecimiento del príncipe José
Fernando de Baviera, la candidatura borbónica cobró un gran impulso, ya que sus
defensores argumentaban que solo la poderosa monarquía de Luis XIV podía
garantizar la integridad territorial del vasto imperio. La opinión de Madrid
era mayoritariamente favorable a una sucesión francesa, que garantizaba la
integridad de la monarquía, no así la austriaca.
La decisión de Carlos II de incluir en su testamento
a Felipe, duque de Anjou, el 2 de octubre de 1700, lejos de cerrar el
conflicto, abrió una nueva etapa de tensiones internacionales que desembocaría
directamente en la Guerra de Sucesión Española (1701–1714), uno de los grandes
conflictos europeos del cambio de siglo.
A partir de ese momento, dos grandes candidatos se enfrentaron:
Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV,
apoyado por la monarquía borbónica y proclamado rey como Felipe V el 24 de
noviembre de 1700.
El archiduque Carlos de
Austria,
respaldado por el Sacro Imperio, Inglaterra y las Provincias Unidas.
LA GUERRA LLEGA A LA
PENÍNSULA (1704–1706)
Felipe V llegó a la Península en febrero de 1704 y
la guerra en España comenzó en agosto,
Imagen….
cuando tuvo lugar un hecho simbólico pero
importante: la toma de Gibraltar
que pasó a manos británicas.
Sin embargo, el
conflicto serio en territorio peninsular se intensificó a partir de 1705,
cuando una flota angloholandesa desembarcó en la costa valenciana (Altea) y
avanzaron hacia Cataluña, tomando Barcelona.
En pocos meses, gran
parte de Valencia y Cataluña quedó bajo control austracista. En junio de 1706,
incluso Madrid fue ocupada temporalmente por las tropas del archiduque Carlos,
después de haberlo sido Zaragoza.
Durante este periodo, la
monarquía de Felipe V parecía seriamente amenazada.
OFENSIVAS Y CONTRAOFENSIVAS
La ventaja aliada en la
Península duró poco. A finales de
1706, las tropas del archiduque Carlos se replegaron hacia la costa mediterránea,
presionadas por las fuerzas borbónicas dirigidas por el duque de Berwick. El
punto de inflexión llegó el 25 de abril de 1707, cuando el ejército
hispano-francés de Berwick derrotó al cuerpo principal aliado mandado por el
conde de Galway en las inmediaciones de Almansa (Albacete). La victoria fue tan
decisiva que, años después, Isabel de Farnesio recordaría a su hijo —el infante
Carlos— la importancia simbólica del lugar: entender Almansa era comprender una
de las claves que aseguraron el trono a Felipe V.
Tras Almansa, entre 1707 y 1708, Felipe V consolidó su control sobre la
mayor parte de la Corona de Aragón, mientras los aliados
solo obtuvieron un éxito destacado: la conquista británica de Menorca (1708),
dirigida por el almirante John Leake.
En 1709, la guerra se recrudeció en el norte de Europa y Luis XIV,
necesitado de tropas, retiró parte de sus fuerzas de la Península para
intentar negociar la paz con Inglaterra y las Provincias Unidas. Durante un
tiempo, el bando borbónico tuvo que sostener el frente peninsular casi en
solitario. Aun así, en 1710 los
austracistas lograron reanimar la campaña con victorias en Almenar y Zaragoza y
una nueva entrada en Madrid. La respuesta francesa no tardó: Luis
XIV volvió a intervenir y, bajo el mando del duque de Vendôme, los aliados fueron empujados otra vez
hacia el Mediterráneo. Las batallas de Brihuega y Villaviciosa (diciembre de
1710) sellaron el cambio de rumbo y, a comienzos de 1711, el conflicto en la
Península estaba prácticamente decidido: las tropas imperiales quedaban reducidas, en esencia, a Barcelona.
A partir de ahí, la paz se volvió inevitable por dos razones.
En Inglaterra, el ascenso de un gobierno tory impulsó el fin de una guerra
larga y costosa; y, en abril de 1711, el archiduque Carlos heredó el título
imperial, lo que alteró por completo el equilibrio diplomático: las potencias
aliadas empezaron a temer que, si además se coronaba en Madrid, se
reconstruyera una “gran monarquía” en Europa. Cataluña quedó cada vez más
aislada y, en las negociaciones que se desarrollaron en Holanda y Alemania,
pesaron más los intereses de las grandes potencias que los del gobierno español
y, menos aún, los de los territorios que habían sostenido la causa austracista.
LA BATALLA DE ALMANSA (1707): EL PUNTO DE INFLEXIÓN
Aunque los aliados
habían ocupado Zaragoza y llegaron a entrar en Madrid en la campaña de 1706, el
invierno de 1706 a 1707 marcó un cambio de tendencia: las fuerzas borbónicas
empezaron a recuperar terreno. Para organizar la contraofensiva, Luis XIV
confió la dirección de las operaciones en la Península a su sobrino, Felipe,
duque de Orleans, mientras que el mando en el campo recaía en el duque de
Berwick, al frente de las tropas franco-españolas desde el verano anterior.
Berwick había evitado hasta entonces una batalla decisiva, a la espera de
refuerzos que dieran solidez a su ejército.
Imagen
En el bando
contrario, los generales aliados —el conde de Galway y el marqués de las Minas—
intentaron adelantarse a esa concentración de fuerzas y buscaron el choque
directo. El encuentro se produjo
el 25 de abril de 1707 en las llanuras cercanas a Almansa. Allí,
Berwick, junto con el duque de Populi y el marqués de d’Asfeld, dirigía un
ejército de más de 25.000 hombres (franceses en su mayoría, además de
contingentes españoles y un regimiento irlandés). Frente a ellos, Galway y
Minas reunían unos 15.000 soldados, principalmente portugueses, ingleses,
holandeses y alemanes, en una coalición donde, de forma significativa, apenas
había tropas españolas.
La batalla comenzó por la tarde y se resolvió con rapidez:
en unas dos horas, el ejército aliado quedó deshecho. Hubo alrededor de 4.000
muertos y unos 3.000 prisioneros en sus filas, pérdidas que pudieron ser aún
mayores de no mediar la retirada temprana de parte de los contingentes
portugueses. Los borbónicos también pagaron un precio alto —se calcula en torno
a 5.000 bajas—, pero la victoria resultó completa. El duque de Orleans llegó al
día siguiente, demasiado tarde para participar en el combate, aunque a tiempo
para cosechar el efecto político del triunfo.
Imagen
Su trascendencia fue inmediata.
Almansa abrió a Felipe V el camino para consolidar el control borbónico sobre
Valencia y buena parte de la Corona de Aragón, desarticuló el núcleo del
ejército aliado y dejó al archiduque Carlos cada vez más dependiente de sus
apoyos en Cataluña. No es extraño que, con el tiempo, la batalla se convirtiera
en un símbolo: el propio Federico II de Prusia la describió como una de las más
impresionantes del siglo. Más allá de la épica, Almansa fue el punto de
inflexión que inclinó la guerra en la Península a favor de los Borbones.
EL FINAL: UNA PAZ DECIDIDA MUY LEJOS
El Tratado de Utrecht, firmado en 1713,
fue el acuerdo que puso fin a la Guerra de Sucesión. Sus efectos se dejaron
notar tanto en el tablero político europeo como en el propio Imperio español.
La consecuencia más
inmediata fue el reconocimiento de
Felipe V como rey. Pero ese reconocimiento llevaba una condición clave:
las dos coronas no podrían unirse bajo un mismo monarca, para evitar que se
formara un bloque borbónico demasiado poderoso en Europa.
El precio fue alto: se perdió buena parte de sus
territorios en Europa. Los Países Bajos hispanos pasaron a Austria, y también
quedaron bajo control austríaco Nápoles, Milán y Cerdeña (aunque esta última se
intercambiaría poco después). Sicilia se cedió inicialmente a Saboya. Por su
parte, Gran Bretaña reforzó su papel como potencia naval al quedarse con
Gibraltar y Menorca, además de obtener importantes ventajas comerciales
vinculadas al comercio americano. Pero, por lo menos, se mantuvo su
imperio americano y salvo Gibraltar el territorio peninsular intacto.
En el interior, Utrecht
confirmó el fin del modelo de “monarquía compuesta”, en el que cada territorio
conservaba sus propias leyes e instituciones. Tras la victoria, Felipe V
impulsó una mayor centralización con los Decretos de Nueva Planta, que
suprimieron las instituciones propias de la Corona de Aragón.
En conjunto, Utrecht inauguró un nuevo equilibrio en Europa:
la influencia española siguió debilitándose,
mientras Francia mantenía un peso decisivo y, sobre todo, Gran Bretaña se
consolidaba como la gran potencia marítima y comercial del momento.
CONCLUSIÓN: EL NUEVO ORDEN GEOPOLÍTCO
La Guerra de Sucesión no
fue solo una guerra dinástica. Se
impuso el equilibrio europeo entre los ejes de París y Viena, frente al
principio hegemónico de Austrias o Borbones. Londres se constituyó como el contrapeso adecuado para el mantenimiento
de ese equilibrio. De esta forma podía dedicarse a la expansión marítima
y comercial.
España, que daba sus
primeros pasos hacia la configuración como Estado, fue tanto el premio
como el escenario, pero en muchos momentos no fue el verdadero centro de
decisión.
La batalla de Almansa, más
allá de su dimensión militar, simboliza ese giro decisivo que permitió a los
Borbones consolidar su dinastía y transformar el modelo político del país.
https://www.historiasinpretensiones.com/2026/04/la-guerra-de-sucesion-17011714-un.html
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Historia de la
GUERRA de SUCESIÓN ESPAÑOLA - Resumen | Causas, desarrollo y consecuencias.
Cuaderno de Historia
https://www.youtube.com/watch?v=QKymUX74iJE
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La Guerra de
Sucesión Española El Conflicto que Cambió Europa y a España
Crónicas de la Historia
https://www.youtube.com/watch?v=8yBoXiqbof0
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Año 1701, Guerra de
Sucesión Española: Primera Gran Guerra Europea
Chronicles of Hispania
https://www.youtube.com/watch?v=t09PfGRtouY
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Folios de Historias
1701-1714—La Guerra de Sucesión Española – Cuando Europa se partió
en dos por una corona vacía
https://foliosdehistorias.com/2026/02/07/1701-guerra-de-sucesion-espanola-1701-1714/
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LA GUERRA DE SUCESIÓN DE ESPAÑA (1700-1714)
JOAQUIM ALBAREDA SALVADÓ
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1706: Se funda Albuquerque en Nuevo México.
Visit Albuquerque
History
The one-of-a-kind character of Albuquerque is the
result of many different forces, perhaps none as important as
the centuries of history that have shaped the city. Starting
with the Native Americans who have lived here for thousands of years, and
continuing through Albuquerque's official founding in 1706, the city has grown
into a multicultural metropolis of nearly a million people. While the modern
city of Albuquerque is a center of high-tech industry and research, it retains
vital connections to the past, such as the ancient rock carvings at Petroglyph
National Monument, the historic Old Town Plaza and the trail of vintage neon
signs along Route 66.
Image….
Albuquerque proudly celebrated its tricentennial in 2006, but
our roots go back much further. It is important to understand all the peoples
who have influenced the area to fully appreciate the complexity of
Albuquerque's history. The Rio Grande Valley has been
populated and cultivated since as far back as 2,000 B.C. The Pueblo people who
lived in the area when Europeans arrived had a sophisticated culture and
advanced skills in stone masonry, ceramics and a wide range of arts and crafts.
Many of these traditional techniques are practiced to this day, handed down
through the generations.
How
Albuquerque Got Its Name
The first Spanish explorers arrived in Albuquerque
in approximately 1540 under General Francisco de Coronado. Later expeditions
brought settlers deep into New Mexico’s river valleys. In 1706, a group of
colonists were granted permission by King Philip of Spain to establish a
new villa (city) on the banks of the Rio Grande (which means big or
great river). The colonists chose a spot at the foot of the
mountains where the river made a wide curve, providing good irrigation for
crops and a source of wood from the bosque (the cottonwoods, willows
and olive trees that grow along the river). The site also provided protection
from, and trade with, the Native Americans in the area. The colony’s governor,
Francisco Cuervo y Valdés, penned a letter to the Duke of Alburquerque back in
Spain to report their newly founded villa, named La Villa de Alburquerque in
honor of the duke. Over the centuries, the first “r” was dropped, leaving
Albuquerque spelled as it is today.
Image
Old Town
Albuquerque
The early Spanish settlers were religious people,
and the first building erected was a small adobe chapel where today’s San
Felipe de Neri Church still stands, in Albuquerque’s Old Town. Its plaza was
surrounded by adobe homes, clustered close together for mutual protection. The
chapel collapsed after the particularly rainy summer of 1792; it was
rebuilt a year later. While San Felipe de Neri has been enlarged and remodeled
several times since the 1700s, its original thick adobe walls remain intact.
The church is the anchor of Old Town, the historic and sentimental heart of
Albuquerque. The plaza is host to many cultural events and local celebrations.
Albuquerque
Today
Today Albuquerque is a major Southwestern city
with a diverse population and some of the nation's leading high-tech research
facilities, including Sandia
National Laboratories, Intel and
the University
of New Mexico. At the same time, its
cultural traditions continue to be an essential part of everyday life in the
city. With one foot in the past, one foot in the present and both eyes on the
future, Albuquerque is a fascinating place to visit and an even better place to
call home.
For a closer look at the fascinating history
of Albuquerque, New Mexico, be sure to visit the other articles in this
section, including a historical timeline. See Museums & Cultural Centers to experience the history of Albuquerque, or
take a historic tour at Sightseeing & Specialty Tours.
·
Timeline
https://www.visitalbuquerque.org/about-abq/history/
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New Mexico Historical Review
Volume 39/Number 1
The Founding of Albuquerque, 1706: An Historical-Legal Problem
Richard E. Greenleaf
https://digitalrepository.unm.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=2038&context=nmhr
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New Mexican Hispanic Culture Preservation League
The Founding of Albuquerque
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