(primera parte)
En pocas palabras. Javier J. Jaspe
Washington D.C.
Esta es la vigésima entrega de una serie relacionada
con el interesante libro: “El Norte – La epopeya olvidada de la
Norteamérica Hispana”, escrito por la destacada historiadora, Carrie
Gibson. Editorial EDAF, 2022, 575 páginas. La edición original es en el idioma
inglés y la traducción al español que usamos es de Pablo García Hervás.
Carrie Gibson obtuvo su “doctorado en la
Universidad de Cambridge….Ha trabajado como periodista en The Guardian y como
colaboradora en otras publicaciones, además de la BBC. Su investigación la ha
llevado a México, el Caribe y los Estados Unidos. Reside en Londres”.
Sobre el libro se ha escrito:
"Durante mucho tiempo, los Estados Unidos se han
preciado de su herencia anglosajona por encima de todas las demás. No obstante,
tal como Carrie Gibson replica en El Norte, con gran profundidad y nitidez, la
nación tiene unas raíces hispanas mucho más antiguas, las cuales han
permanecido mucho tiempo ignoradas y marginadas. Este pasado hispánico precede
en un siglo a la llegada del Mayflower, y es de todo punto igual de importante
a la hora de dar forma a la nación tal como existe hoy en día.... (The New York
Times Book Review)"
El propósito de la serie no es realizar un análisis del
libro, sino publicar la cronología de los acontecimientos clave que allí se
incluyen (páginas 462 – 470), ocurridos entre los años 1492 y 2017, a fin de
acompañarlos con unos breves agregados que recogen principalmente textos
encontrados en Internet, relacionados con los enunciados que se utilizan a lo
largo de dicha cronología.
A efecto de diferenciar la cronología original transcrita
en negrillas, los agregados se transcriben en itálicas, bien textualmente o
resumidos y/o reordenados en su presentación, con las referencias a sus
respectivos enlaces en Internet. Cuando la cronología original incluye diversos
hechos en un mismo año, estos hechos son presentados separadamente bajo dicho
año.
En esta vigésima entrega, dividida en dos partes, se incluyen hechos históricos que
van desde que Narciso López protagoniza dos intentos fallidos, por
liberar Cuba del dominio español (1850), hasta que la batalla de Glorieta Pass
provoca la expulsión de los confederados de Nuevo México y Francia envía tropas
a México (1862).
Veamos.
1850-1851: Narciso López protagoniza
dos intentos fallidos, con el apoyo de los estados esclavistas del Sur, por
liberar Cuba del dominio español.
El Nuevo Cojo Ilustrado
Revista de opinión y
arte
Narciso López:
mercenario de la libertad
18 de enero 2005
Gordon Milcham
…..Cuando José Martí aún estaba siendo amamantado, a otro
venezolano se le ocurrió la idea de liberar a Cuba de las garras madrileñas. Su
nombre era Narciso López.
Y si
nunca han escuchado de López, es porque sus intenciones siempre se han
considerado incongruentes con las de Bolívar, Martí y hasta de el mismo pueblo
cubano, convirtiéndolo injustamente en un ser oscuro, ignorado y casi
despreciado por la historia hispanoamericana. Sin embargo, esta confusión es
producto del análisis anacrónico de sus aventuras, que desde el punto de vista
de un observador moderno, lo convierten en poco más que un mercenario. A pesar
de esto, el venezolano es recordado obligatoriamente por lo único que se
considera positivo de su paso por la historia: López fue el creador de la
actual bandera cubana….
Lejos
de ser un imperialista disfrazado, Narciso López simplemente sufría conceptos
aún arraigados en los hombres de la época sobre la libertad de las naciones,
que no siempre incluían la abolición de la esclavitud….
Con el
norte de los Estados Unidos libre de esclavos y sede de la capital y las
ciudades más influyentes, el sur sabía muy bien que en algún momento les
llegaría la hora de debatir sobre la esclavitud, y una de las estrategias que
veían como salida al problema era la diversificación hacia una Cuba
esclavista….
La idea, aunque maquiavélica, no era nada mala desde el
punto de vista mercantil. Entre 1762 y 1763, los ingleses habían ocupado la
isla tras la guerra de los siete años, que
acabó con la exclusividad española sobre los productos cubanos y permitió a los
ingleses venderlos a cuanto rincón eran capaces de llegar con sus barcos
mercantes. Las ganancias bien valieron el conflicto, pero al regreso de los
españoles en 1763, con el azúcar ya superando al tabaco como el principal
producto de la isla, el número de esclavos había llegado a niveles históricos.
Ya desde principios de siglo Thomas
Jefferson había imaginado el mapa de los
Estados Unidos incluyendo a Cuba. Con la anexión de Cuba y Canadá, escribió
Jefferson en 1809, «tendríamos un imperio para la libertad como ella no lo ha
conocido desde la creación». Y en 1817 añadiría, «Si tomamos Cuba, seremos los
amos del Caribe»…
A diferencia de otras ya naciones como Colombia o los mismos
Estados Unidos, y en forma similar a Venezuela y Haití, la población negra
cubana sobrepasaba excesivamente a la blanca peninsular y criolla. Por lo que
para mantener el orden y evitar episodios violentos como el de Haití, España
mantenía a Cuba armada hasta los dientes y en constante estado de vigilia, cosa
que los Estados Unidos veía más como una amenaza hacia ellos que como un signo
de la desestabilidad que sufría la isla.
Inestable o no, para 1848 la situación norteamericana ya
poco a poco se encaminaba hacia la guerra civil de 1861 y Cuba se había
convertido en una opción viable de expansión y ganancias. Y para lograr ese
objetivo no había nadie mejor que un baquiano, ducho en el idioma y con
experiencia no sólo en el ejército español, sino también en la isla….
Narciso López nació en Caracas el 13 de septiembre de 1798.
Hijo de españoles, vistió el uniforme realista en el frente de los llanos
venezolanos. En la Batalla de las Queseras del Medio, tras ser vencido por las
tropas de José
Antonio Páez, este lo llamaría «valeroso
comandante realista». López respondería años después llamando a su insignia
«brillante pero ignominiosa librea».
Tras la guerra de independencia, López fue enviado a
España, donde fue ascendido a Brigadier y asignado de manera sucesiva como
gobernador de Cuenca, Valencia y Madrid. Pero sería su participación en
la Primera
Guerra Carlista, la que le ganaría el
título que sellaría su rol en la historia latinoamericana: presidente de la
Comisión Militar Ejecutiva y Permanente en Cuba y gobernador de la provincia de
Trinidad. El encargo, sin embargo, duraría poco, y eximido de sus obligaciones
tras la caída de los liberales en España, se dedicaría a conspirar en secreto
contra el régimen colonial hasta que fue descubierto y obligado a exiliarse en
Nueva York el 4 de julio 1848.
Lamentablemente para López, su
concepto de independencia y libertad estaba viciado, y la abolición de la
esclavitud nunca fue parte del plan al que se dedicó obsesivamente en lo que le
quedaba de vida: la libertad de Cuba. Además, mientras la libertad había sido
unánimemente vista como un sistema de independencia total por los emancipadores
americanos, López tenía una idea un tanto diferente que no le perdonarían los
historiadores de entonces y de ahora; Cuba, para ser libre, tenía que ser
norteamericana. Obviamente, López no tuvo ningún problema convenciendo a los
hijos de Washington de financiar este sueño..
Históricamente
a Narciso López siempre se le ha pintado como un perro de guerra sirviendo a
los intereses de los terratenientes esclavistas norteamericanos asentados en el
sur. Sin embargo, y como ilustré anteriormente, el apoyo a su causa fue mucho
más generalizado y su nombre no tardó mucho en convertirse en símbolo de la
energía liberadora de los nacientes Estados Unidos de América….
Una vez
en Nueva York, López fue contactado por un tal Ambrosio José Gonzáles, miembro
del «Havana Club», una secta masónica secreta que lo había enviado desde la
Habana para buscar apoyo en la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Los
masones cubanos, que habían sido perseguidos y obligados a la clandestinidad
tras la caída de Espartero en
España, veían en los españoles no sólo una amenaza como organización, sino como
economía. En su mayoría esclavistas azucareros, las presiones europeas para
eliminar la esclavitud eran una amenaza sería contra su supervivencia y, aunque
no del todo a gusto, consideraban que la incorporación de Cuba a los Estados
Unidos al menos resolvía temporalmente este problema….
Sería en un viaje de regreso a Nueva York desde Washington
en 1849 cuando Gonzáles finalmente conoció a López y a algunos de sus
seguidores en una reunión de conspiradores.
Fue en esta época cuando López diseñó la
bandera cubana. Según la leyenda
romántica del evento, López había estado dormitando en una plaza neoyorquina
cuando tuvo una visión al observar el cielo azul manchado con el rojo de un
ocaso. En realidad la bandera es una mezcla de símbolos masónicos con la
bandera de Texas, con ambas compartiendo
una única estrella en representación de los cinco puntos de la confraternidad
masónica. Texas, la última gran anexión de la unión norteamericana, era lo más
cercano a un ejemplo que tenían los anexionistas cubanos.
Y ni Gonzáles ni López perdieron tiempo en poner en marcha
el plan. Para junio de 1849 todo estaba listo para entrar en acción, y con el
lema «Cuba, la próxima Texas», habían recogido fondos y reclutado mercenarios
en las principales capitales norteamericanas. Pero justo cuando daban los
últimos toques a sus planes murió el ex presidente James Polk, y con él todo el
apoyo de un Washington ahora en manos de un hombre más diplomático, Zachary
Taylor….
El 19 de mayo de 1850, López desembarcó en la
población de Cárdenas, pero las tropas españolas inmediatamente disolvieron a
los invasores al no conseguir ningún apoyo popular, lo cual era de esperarse.
Según el historiador Philip
S. Foner, en todo el ejército de López sólo
cinco eran cubanos, «el resto vino principalmente de los estados del sur» de
los Estados Unidos.
El historiador Augusto Mijares comenta que bajo fuego
español, uno de los cubanos que estaba con López le dijo, «lo abandonan López,
lo abandonan». A lo que López respondió inmutable, «Los cubanos nadan, don
Pepe, lo que hay que hacer es empujarlos al agua».
Pero fueron los españoles los que empujaron a López al
agua, quien escapó hacia Key West casi de inmediato cuando el gran número de
bajas dejó en claro el fracaso de su misión. La cual resultó más
catastrófica de lo que esperaba cuando una Corte Federal acusó a
Gonzáles, López y Quitman (entre otros) de violar el tratado con España el 21
de junio de 1850 y fijó el mes de diciembre para comenzar el
juicio…..
A pesar de las circunstancias, López siguió con sus planes
y empezó a organizar una tercera expedición antes que comenzara el juicio. Esta
también sería frustrada por el gobierno federal, pero justo cuanto todo parecía
perdido y los anexionistas empezaban a dudar de la cordura de sus acciones,
sucedió los que todos ellos temían. El 4 de julio de 1851, un grupo liderado
por Joaquín de Agüero se levantó contra los españoles en Cuba
y declaró la independencia.
La revuelta fue aniquilada rápidamente y
Agüero terminó sus días frente a un pelotón de fusilamiento, pero la
noticia no hizo sino abrir los bolsillos de los inversionistas especuladores en
el futuro cubano, lo cual ayudó a López a organizarse una vez más
para intentar una nueva y última invasión a la isla.
El 2 de agosto de 1851 un ejército conformado por unos 450
mercenarios partió desde Nueva Orleans y desembarcó poco más de una semana
después en el recodo de Bahía Honda al oeste de La Habana.
López dejó un cuarto de sus tropas en el lugar de
desembarco y marchó con el resto a tomar la población de Las Pozas,
donde nuevamente se encontró con el rechazo de la población. Al
día siguiente, un quizás no mejor organizado pero más sustancioso ejército
español lo atacó sin compasión con 500 hombres. Y para evitar sorpresas, un día
más tarde se sumaron otros 800.
Sin perder las esperanzas de poder levantar los ánimos de
los cubanos por su propia independencia y bajo fuego constante del enemigo,
López inútilmente continúo incitando a la población. Disminuido y con el grueso
de sus hombres huyendo hacia unas montañas de las que no regresarían, el 29 de
agosto López fue capturado por los españoles y llevado a La
Habana para juzgarle por traición.
Sus hombres no corrieron mejor suerte. La mayoría fueron
fusilados sin juicio alguno, incluyendo al sobrino del Fiscal General de los
Estados Unidos John J. Crittenden. Irónicamente, aquellos dejados con vida
fueron reducidos a la esclavitud al ser condenados a trabajos forzados en la
explotación minera o sembrando caña de azúcar.
Los periódicos norteamericanos, que durante los últimos
tres años habían reseñado con frecuencia las desventuras de López,
inmediatamente empezaron a especular sobre el destino del venezolano. Sam
Houston, captor de Santa
Ana en Texas, promotor de la anexión y entonces Senador
por ese estado, confesaría en una entrevista que, sobre la expedición, «temía
lo peor». Mientras tanto, el presidente Millard
Fillmore (Taylor había muerto
prematuramente el año anterior), de acuerdo a las memorias de Ralph
Waldo Emerson, había ordenado ser actualizado cada
hora sobre cualquier noticia que llegara de La Habana.
No sería hasta el 4 de septiembre que se confirmaría lo que
todo el mundo ya suponía. El 1 de septiembre López había sido escoltado a la
Plaza de La Punta en La Habana y ejecutado en el garrote
vil.
Indefenso ante su verdugo y seguro de lo que le esperaba,
López no perdió la oportunidad de hacer uso de sus dotes como promotor y lanzó
una última afrenta al gobierno que tanto le había dado y que ahora le quitaba.
«Mi muerte», —dijo desafiante— «no cambiará los destinos de Cuba». Para bien o
para mal, esa fue una afirmación difícil de contradecir.
La aventura de López siguió llenando páginas en la prensa
norteamericana por el resto de 1851. Los periodistas mayormente
responsabilizaban al presidente Fillmore por el fracaso de la misión —como le
sucedería a Kennedy por Bahía de Cochinos casi cien años más
tarde— por no haber otorgado los recursos necesarios para la invasión.
Fillmore —como Taylor antes que él— buscó proteger sus relaciones con España
dejando en claro que López no tenía ninguna relación con el gobierno
y pidió excusas por el incidente. No sin dejar en claro, sin embargo,
que el interés de sus conciudadanos era de esperarse ya que la isla era «casi»
esencial para la seguridad de los Estados Unidos.
Pero a pesar de ser sólo «casi» esencial, el historiador
Robert E. May comenta que el asunto cubano causó tal impacto en Washington que
en su mensaje al Congreso de 1851, el presidente le «dedicó aproximadamente dos
veces más atención a las invasiones cubanas que a la crisis entre el norte y el
sur por la esclavitud».
López sería olvidado rápidamente por la prensa a medida que
las hostilidades entre el norte y el sur de Norteamérica llevaban
inevitablemente hacia la guerra civil. Pero su paso por la historia
norteamericana no sería fácil de ignorar y curiosamente está más
relacionado con la literatura que con la milicia. Para referirse a sus intentos
de invasión la prensa norteamericana a favor del venezolano empezó a buscar un
sustituto para la palabra que por definición debían utilizar para describirlo:
mercenario. Como la pusieran esta palabra no sugería nada bueno del
aventurero, que requirió una que expresara más simpatía o al menos neutralidad.
La respuesta la encontraron en una del idioma español. Tras fracasar en anexar
Cuba a los Estados Unidos López les dejó como legado un recuerdo de su lengua
materna: la palabra filibustero.
https://www.elnuevocojo.com/narciso-lopez-mercenario-de-la-libertad/
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Center for a Free Cuba
Este día en la historia cubana
Narciso López (1798 – 1851)
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The Historic New Orleans Collection
Narciso López and the original
filibusters
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Academia de la Historia de Cuba en el Exilio
Tomado de la Revista católica Nuestra Voz
El
destino manifiesto y Narciso López
Un destino manifiesto
Por Enrico
https://academiahistoriacubaexilio.blogspot.com/2018/10/el-destino-manifiesto-y-narciso-lopez.html
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1853: México accede a la Compra de Gadsden y Estados Unidos
paga 10 millones de dólares por el valle de Mesilla, una franja de tierra al
sur del río Gila que hoy conforma el sur de Arizona y Nuevo México.
|
Firma
del Tratado de la Mesilla, o de Gadsden, por el cual Antonio López de Santa
Anna, su Alteza Serenísima, vende a Estados Unidos más de cien mil kilómetros
cuadrados de territorio mexicano.
Gadsden
había llegado a México a mediados de agosto pasado, para negociar las el
“ajuste” de la frontera, la imprecisión del artículo quinto y la anulación del
artículo once del Tratado de Guadalupe. En la argumentación que presentó, se
refería a la conveniencia de establecer fronteras naturales entre México y
Estados Unidos -que quería construir el ferrocarril transcontinental-, a cambio
de una indemnización de quince millones de pesos, que podría ser de cincuenta,
si incluía algún puerto del Golfo de California. La falta de fondos del erario,
convenció a Santa Anna de firmar el Tratado.
Dicho
tratado consta de nueve artículos y por sus disposiciones son modificados los
límites entre ambos países; Estados Unidos es relevado de la obligación de
impedir a los indios las incursiones al territorio nacional; el gobierno
norteamericano se obliga a pagar diez millones de pesos, de los cuales siete
serán entregados al canjear la ratificaciones, y los tres restantes cuando se
establezca la línea divisoria; da libre tránsito a los buques norteamericanos
por el golfo de California y concede libre tránsito de personas y mercancías
por territorio nacional y por el istmo de Tehuantepec.
Imagen….
El
tratado fue firmado este día y por la controversia que suscitó en el Senado
norteamericano, fue modificado, redujo la extensión del territorio al mínimo
para la construcción del ferrocarril así como la indemnización a diez millones
de pesos. Entretanto, Santa Anna, que había asumido facultades extraordinarias
y su corte hacia gastos suntuarios, contra lo que esperaban los mismos
norteamericanos, británicos, franceses y su propio ministro de Relaciones
Exteriores, aceptó; de modo que el 30 de junio de 1854 recibió el primer pago,
después de haber intercambiado la ratificaciones.
En
julio de 1854 fueron pagados al representante de México en Washington,
Francisco de Paula y Arrangoiz quien toma para sí más de sesenta y ocho mil
pesos, “por concepto de comisión”; razón por la cual Santa Anna ordena su cese
inmediato.
Doralicia
Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.
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Office of the Historian
U.S. Department of the
State
Bureau of Administration
Gadsden
Purchase, 1853–1854
The Gadsden Purchase, or Treaty, was an agreement between
the United States and Mexico, finalized in 1854, in which the
United States agreed to pay Mexico $10 million for a 29,670 square mile portion
of Mexico that later became part of Arizona and New Mexico.
Gadsden’s Purchase provided the land necessary for a southern transcontinental
railroad and attempted to resolve conflicts that lingered after the Mexican-American
War.
Image….
While the Treaty of Guadalupe Hidalgo formally ended the
Mexican-American War in February 1848, tensions between the Governments of
Mexico and the United States continued to simmer over the next six years. The
two countries each claimed the Mesilla Valley as part of their own country. The
Mexican Government demanded monetary compensation for Native American attacks
in the region because, under the Treaty, the United States had agreed to
protect Mexico from such attacks; however, the United States refused to comply,
insisting that while they had agreed to protect Mexico from Native American
attacks, they had not agreed to financially compensate for attacks that did
occur. The persistent efforts of private American citizens to enter Mexico
illegally and incite rebellions in an effort to gain territory exacerbated
tensions between the governments.
These continuing tensions between Mexico and the United
States complicated U.S. efforts to find a southern route for a transcontinental
railroad as the only viable routes passed through Mexican territory. In 1847,
the United States attempted to buy the Isthmus of Tehuantepec, an isthmus on
the southern edge of North America, as an alternative means of providing a
southern connection between the Atlantic and Pacific oceans. Mexico, however,
had already granted Mexican Don José de Garay the right to build
colonies for Americans on the isthmus with capital from the New Orleans
Company. Fearing the colonists would rebel as those in Texas had, Mexican
President Juan Ceballos revoked the grant, angering U.S. investors.
In 1853, Mexican officials evicted Americans from their
property in the disputed Mesilla Valley. When the U.S. Government did not act,
Governor William Lane of New Mexico declared the Mesilla Valley part of the
U.S. territory of New Mexico. Mexican President Antonio de Santa
Anna responded by sending troops into the valley. Attempting to defuse the
situation, U.S. President Franklin Pierce sent James
Gadsden, the new U.S. Minister to Mexico, to negotiate with Santa
Anna. Secretary of State William
Marcy instructed Gadsden to renegotiate a border that
provided a route for a southern railroad, arrange for a release of U.S.
financial obligations for Native American attacks, and settle the monetary
claims between the countries related to the Garay project…..
Image….
https://history.state.gov/milestones/1830-1860/gadsden-purchase
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POLITICO
This day in Politics
U.S.
extends southern border with Mexico, Dec. 30, 1853
By
Andrew Glass 12/31/2018
https://www.politico.com/story/2018/12/31/this-day-in-politics-december-30-1075213
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Legends of America
The Gadsen Purchase
https://www.legendsofamerica.com/gadsden-purchase/
/////////////////
1853: El presidente Franklin Pierce ofrece a España 130
millones de dólarespor Cuba.
Raab Collection
March 28th, 1854
President Franklin Pierce Fires the Opening Salvo in the
Southern Plan to Acquire Cuba, as a Prelude to Other Caribbean and Latin
American Acquisitions Where Slavery Could Be Planted
Such acquisitions would
result in a slaveholding empire, centered on the Caribbean, and give the South
hegemony in Congress
The Franklin Pierce administration, which took office in
March 1853, had a strong pro-southern, pro-expansion mindset. At Pierce’s
inauguration, he stated, “The policy of my Administration will not be
controlled by any timid forebodings of evil from expansion.” While slavery was
not the stated goal nor Cuba mentioned by name, he favored the annexation of
Cuba as a slave state. Cuba’s annexation had long been a goal of U.S.
slaveholding expansionists, as the establishment of Cuba as a slave state in
the United States would, pro-slavery interests expected, provide a base and
jumping off point for U.S. acquisitions of other territories in the Caribbean
and Latin America where slavery would be legal. Their dream was for a new
empire, modeled on Ancient Rome, with the Caribbean taking the part the
Mediterranean had some 2,000 years ago. A bunch of new slave states would also
allow the South to control Congress, so a lot was at stake.
Pierce showed this bias in his appointments. He named
future Confederate president Jefferson Davis as Secretary of War, expansionists
John Y. Mason of Virginia and Solon Borland of Arkansas as ministers,
respectively, to France and Nicaragua, and Louisiana Senator Pierre Soule, an
outspoken proponent of Cuban annexation, as ambassador to Spain to negotiate an
acquisition of Cuba from that nation. Soule held this post until 1855.
In October 1854, Soule became co-author of the Ostend
Manifesto, a document that described the rationale for the United States to
purchase Cuba from Spain while implying that the U.S. should declare war if
Spain refused. At the national level, American leaders had been satisfied to
have the island remain in weak Spanish hands so long as it did not pass to a
stronger power such as Britain or France. The Ostend Manifesto proposed a shift
in foreign policy, justifying the use of force to seize Cuba in the name of
national security. Northern leaders adamantly opposed an acquisition of Cuba.
………
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UVA Miller Center
Franklin
Pierce: Foreign Affairs
By Jean H. Baker
Like several of his predecessors, Franklin Pierce foreign
policy a welcome change from the domestic conflicts over slavery.
Unfortunately, his lack of leadership and his tendency to give in to pressure
groups hampered his effectiveness in the foreign arena.
Even though the Mexican War had ended, there were border
disputes that had to be settled. Land that now comprises lower Arizona and New
Mexico was part of a proposed southern route for a transcontinental railroad.
Pierce was convinced by Secretary of War Jefferson Davis to send Senator James
Gadsden (who had personal interests in the rail route) to negotiate the Gadsden
Purchase with Mexico. Under the agreement, the U.S. paid Mexico $15 million to
secure the land. The Treaty included a provision allowing the U.S. to build a
transoceanic canal across the Isthmus of Tehuantepec, but this option was never
exercised. The acquisition of land in this purchase secured the final
boundaries of the continental United States.
Attempt to Acquire Cuba
Far less successful was Pierce's pet cause—the annexation
of Cuba. For years, Southerners had coveted the great island as a place to
expand their slavery-driven agricultural economy. Failed filibustering
expeditions during the Taylor and Fillmore presidencies were evidence of the
South's attempts to obtain this slaveholding Caribbean possession of Spain.
Southern interests in Cuba were understandable. After all,
that nation allowed slavery and was developing a plantation form of agriculture,
and would continue to do so until two decades after the Civil War.
During Pierce's administration, many Americans reasoned
that if Cuba were to be purchased from Spain, they would in effect have another
slave state. The wrong man was charged with the delicate task of negotiating
with Spain's poor but proud king. Pierre Soulé, an overbearing Southerner, had
been named Pierce's minister to Spain, with instructions to go as high as $130
million, but Soulé had little patience for the slow ways of the Spanish court.
The more he tried to bully Spain into selling Cuba, the more that nation
resisted the idea. Soulé even rewrote the treaty to include threats of American
military action if Spain did not comply, which only stiffened Spanish resolve.
Soulé met with James Buchanan, Pierce's ambassador to England and future
President of the United States, and John Mason, the minister to France.
Together, they drafted the Ostend Manifesto, a document that set the
justifications for American possession. The Manifesto also warned that if Cuba
refused America's proposal, "internal peace" in the United States
might be threatened by continued Spanish control, since slaves might revolt on
the island, threatening the institution of slavery in the U.S. Under such
circumstances, America might be required to take control of Cuba. After the
document was published, Pierce's secretary of state, William Marcy, was forced
to repudiate the Manifesto because of the diplomatic uproar in Europe and in
the north that ensued…..
https://millercenter.org/president/pierce/foreign-affairs
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Ostend Manifesto
Spreading the Flames: The United States, Cuba, and the Fear
of Africanization
By Savannah Labbe
https://gettysburgcompiler.org/tag/ostend-manifesto/
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The Ostend Manifesto
James Buchanan, Jphn Y. Mason, Pierre Soule
Edited and Introduced by Stephen F. Knott
https://teachingamericanhistory.org/document/the-ostend-manifesto/
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(continúa en la segunda parte)
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